"EL FABRICANTE DE COMETAS" (Cuento)

Antes de presentar este pequeño intento literario, a manera de preámbulo,  debo explicar, que el deseo de escribir estuvo presente en mí desde que comencé a leer algunas novelas y cuentos, en mis época de niñez y adolescencia. Pensaba en lo maravilloso que sería poder escribir como esos escritores famosos. Los admiraba y los admiro por lo que significa crear una historia con  sus personajes, desde la nada, solamente, con el uso de la imaginación, extraordinario instrumento que ha llevado al hombre hasta las estrellas.  Escogí este cuento, como mi primera publicación de este blog porque se me antoja apropiado para la época del año en que estamos.



EL FABRICANTE DE COMETAS
(Cuento)
 Dentro de las limitadas variaciones climáticas de nuestro misterioso trópico he logrado diferenciar dos épocas, particularmente, especiales a las que yo llamo mágicas. La primera se puede sentir en los últimos días de diciembre  y durante todo el mes de enero; la segunda época mágica la experimentamos a finales de abril y durante el mes de mayo. Digo mágicas porque es entonces cuando podemos ser testigos de sucesos ?mágicos?. Mágicas también, porque aún cuando sus presencias son fácilmente perceptibles, se cubren de una bruma invisible que las ocultas de nuestros sentidos o, es tal vez que no nos damos cuenta por la privación de nuestra sensibilidad a causa de la vorágine de la ?civilización? que nos ha revestido de una poderosa coraza. Ya no vemos, no escuchamos, no pensamos, no sentimos; solamente funcionamos como ?mecánicos robots de carne?.

*  *  *
Era uno de aquellos amaneceres de enero, rebosante de cosas nuevas, de nuevas promesas, de nuevas esperanzas que volvían a renacer con la alborada del nuevo año. El firmamento, de un azul intenso, cual gigantesco manto de zafiros cubría aquel maravilloso escenario. La naturaleza, aprovechando las últimas lluvias y el rocío de la madrugada hacía reverdecer con mayor intensidad los campos, y el colorido de las flores volvíanse  más brillantes. Aquellos frondosos árboles invitaban a recostarse a sus viejos y arrugados troncos. Las aves, con sus melodiosos cantos, en concierto con la madre naturaleza, deleitaban nuestros oídos con  su  mágica  sinfonía.   La  fresca  y acariciante brisa de la mañana levantaba rizos con las hojas secas y hasta parecía como si de momento estas hojas muertas cobrasen vida para juguetear con el viento.

            Una ?bandada?  de niños correteaba por todos lados, retozando entre los arbustos, persiguiendo mariposas, ocultándose tras los árboles, rodando sobre la fresca yerba. Toda esa mezcla de gente y naturaleza, naturaleza y gente, en amorosa comunión era como un gran acto de magia ejecutado por el ?Gran Mago?.

            Entretenido en mis observaciones había pasado por alto un curioso detalle. Sentado bajo un viejo y frondoso árbol de un sector retirado del parque se encontraba un anciano. Era evidente que realizaba una tarea muy importante pues no levantaba la vista por ningún motivo. La curiosidad  pudo más que la prudencia. Abandoné mi cómoda butaca de raíces y caminé en dirección al hombre. Procuré no hacer ruido para no distraerlo de su tarea y a la vez observarle mejor, sin que me viera. De pronto, sin yo  esperarlo, me sorprendió con su voz.

             ?Buenos días amigo, veo que me observas.

          Me sentí descubierto, me sentí como un niño cuando es sorprendido en alguna  travesura. Quedé intrigado pues en ningún momento levantó la vista ni se distrajo de su  tarea.  Se   dirigió   a     nuevamente:
           ?Acércate, quiero que veas lo que hago,

          Con un poco más de confianza me   aproximé y tomé asiento a su lado sin decir palabra, intuí que no era necesario.  Aquel misterioso aciano construía cometas. Estaba rodeado de papeles de diversos colores, gomas, hilos, delgadas ramas de bambú finamente labradas, cintas de diversos colores, varias cometas terminadas y otras a medio hacer. Utilizaba sus manos con sorprendente destreza, testimonio de muchos años de práctica en este singular oficio. Me preguntaba con qué finalidad confeccionaba tantas cometas y qué fin perseguía. Su voz interrumpió la línea de mis pensamientos. Sentí que adivinaba lo que pensaba pues me dijo:
 ?Te preguntarás por qué hago esto ¿verdad?  No, no son para vender, son para los niños.
 
 Calló por un momento y luego continuó:
  ? ¿Sabes? hoy nadie construye cometas con sus manos, las compran en   cualquier tienda, esas no son cometas, son simples objetos sin alma; por eso   quiero hacer muchas cometas, todas las cometas que el hombre ha dejado de   construir con sus manos. Cuando un niño crea su propia  cometa la alimenta con     sus sueños, con sus anhelos, con sus ideales para luego remontarlos a las  alturas más sublimes y que allí en el cielo moren con las estrellas y un día cualquiera vuelvan a su origen convertidos en realidad. Las cometas son las    almas de los niños que han de volar junto a sus sueños. Cada día obsequiaré a   cada niño una cometa y construiré cometas hasta que...

               Guardó silencio y aquel silencio fue contagiando todos los rincones de aquel particular escenario. Por unos segundos no se oyó un solo ruido, las aves dejaron de cantar y hasta el viento se detuvo. Durante todo el tiempo que el anciano habló no osé interrumpirlo. Cada interrogante que se presentaba en mi mente era respondido por el viejo, como si ya conociese mi pregunta. Continuó en silencio con su labor.  Le observaba, como con gran  rapidez comenzaba y terminaba una cometa para iniciar otra. Tuve la sensación de que me ignoraba, como si no existiese, como si nada existiese. Por momentos se detenía, levantaba la vista y miraba al horizonte como si esperase algo o  a alguien, luego sonreía, reanudaba su labor murmurando algunas frases para sí que yo no lograba escuchar y mucho menos entender. Me puse de pie para retirarme y al tratar de despedirme me dijo:

              ?Hasta mañana, espero volver a verte, gracias por tu compañía.
             Volví al siguiente día obedeciendo fielmente la petición de mi nuevo amigo. Vi que ya no tenía las cometas del día anterior. Había construido otras de  nuevas formas y colores. Varios niños del parque se deleitaban emocionados con aquellos nuevos y maravillosos juguetes. Otro grupo de niños se había acercado y le rodeaban. Unos observaban atentos, con sus caritas expectantes. Otros, hacíanle mil preguntas, los más decididos le ayudaban y se disputaban la oportunidad de asistirlo en su tarea. El  anciano convertido en improvisado maestro les explicaba con sabiduría y paciencia el antiguo arte de construir cometas. Les hablaba de su historia, de sus inventores, del material, del esqueleto.

?El esqueleto? decía ?debe ser muy liviano y a la vez fuerte,  debe ser construido con perfecta simetría y sus partes fuertemente atadas para que pueda soportar los más fuertes vientos. El papel de colores debe ser combinado de una manera muy especial para así obtener un agradable contraste? Y concluía: ?Todas estas cosas deben ser unidas con amor. Sólo de esta manera nuestros anhelos, sueños, ideales y nuestra alma con ellos, penetrarán en ella y podrá entonces remontarse a las altas moradas.
           Cada día se repetía el mismo apacible y edificante escenario, y así, transcurrieron los meses del verano. Se acercaba el momento en que el viento se detiene para cambiar de rumbo. Se acercaba el tiempo de las lluvias. Mi curiosidad por este particular personaje era tal que casi no dormía pensando en él. Me había propuesto descubrir su misterio, su origen. Quería saber que haría al terminar el verano.
Aquella tarde termine mis labores más pronto que de costumbre. Una imperiosa necesidad me llevaba casi de la mano hacia aquel lugar del parque. Encontré  a mi amigo concentrado en una singular tarea. Nunca antes le había visto como le vi ese día. Parecía agotado, como si no hubiese dormido, pero a pesar de su aparente cansancio trabajaba con afán, con alegría, hasta me pareció escucharle entonar una canción. Su actividad era tal que parecía que se le acaba el tiempo. Construía una extraña cometa. Extraña por su gran tamaño y rara forma. El material utilizado era diferente  al empleado en las otras cometas. El papel no tenía color alguno pero al ser tocado por los rayos del sol despedía reflejos tornasolados como las plumas de algunas aves, como las alas de algunas mariposas.  Mis pensamientos fueron interrumpidos nuevamente, por la voz del anciano.
  ?Buenas tardes amigo. Se aleja el viento y se acaba el tiempo. Estoy construyendo   mi cometa. Estoy escribiendo en ella mis anhelos, mis ideales, mis sueños; estoy vertiendo mi alma en ella. Se acerca el día en que ha de remontarse a las estrellas. ¡Oh!, no pienses que anuncie mi muerte.
  Nuevamente adivinó mis pensamientos pues interpretaba sus palabras como final despedida, y continuó:
 ?Nadie puede anunciar su muerte pues la muerte no existe, es sólo una ilusión. Sólo elHombre permanece, el Hombre que forja sueños, el Hombre que plasma ideales. Mañana será el gran día, no quiero que faltes, quiero que estés conmigo Antiguo Amigo.

            Estas últimas dos palabras las pronunció con particular énfasis. Aquella noche como las anteriores no pude conciliar el sueño pensando en la curiosa promesa de aquel singular personaje, pensando en el Gran Día y sus últimas dos palabras: ?Antiguo Amigo.?

* *  *
Las primeras luces del alba me sorprendieron repitiendo esa frase. Comencé a sentir que realmente era mi antiguo amigo. Sentí que le conocía de siempre. Desde algún lugar muy oculto en mi memoria me parecía vislumbrar una lejana reminiscencia. Me levanté de golpe y me preparé para cumplir la petición del viejo. Debía ir  temprano, no podía esperar la tarde, era su Gran Día.

Me apresuré lo que más pude. Quería estar con él, me lo había pedido de especial manera. Me fui acercando al lugar de siempre. Le divisé un poco alejado del árbol, de su gran árbol. Le veía esforzarse en izar la cometa, había logrado elevarla a gran altura. Apresuré el paso pero su figura comenzó a desvanecerse. Corrí desesperado, deseaba retenerlo, mi corazón quería salirse del pecho, no sé si por el esfuerzo o por la emoción. Finalmente se desvaneció, no le vi más. Al llegar a aquel lugar me encontré con el cordel atado a un pequeño arbusto y la gran cometa jugueteando con el viento, jugueteando con las últimas brisas del verano. Me senté sobre el césped con un gran pesar en mi espíritu, recordando a aquel noble anciano, sosteniendo con fuerza en mis manos el cordel de aquella cometa, único recuerdo de mi anciano amigo.

De pronto, sentí un tirón, como si el cordel tratase de romperse y alcé la vista. El destello proveniente de aquella cometa me cegó de momento y me cubrí el rostro. Luego, poco a poco recobre la visión y volví a mirar. Aquella extraña cometa reflejaba todo aquel parque como un gran espejo. Los árboles, el césped, los jardines, los niños, la gente. Todo podía verse en la nitidez de lo real. Mirando todo aquello me había olvidado de que yo también había de verme en aquel singular espejo y me busqué en él. La imagen que vi me sobrecogió, no sé si de temor o expectación. Quien se reflejaba en el ?espejo? no era yo, era el anciano. Sacudí la cabeza, pensé si sería mi imaginación mezclada con mis intensos deseos de verlo. Miré nuevamente y allí estaba sujetando el cordel. La fuerte impresión nubló mi conciencia y caí de bruces. Perdí el conocimiento por unos instantes, luego, lentamente volví en mí. Estaba tendido de espaldas sobre la hierba. Al abrir los ojos logré percibir la borrosa imagen del anciano pues aquella extraña cometa se fue desvaneciendo lentamente hasta que desapareció.
 
* * *
 Pasé el  resto del día sentado bajo la  sombra de aquel árbol centenario, recordando cada palabra del anciano. Mi espíritu comenzaba a dudar de todo aquello que había sucedido, sólo resonaban en mi mente aquellas últimas palabras, ?Quiero que estés conmigo Antiguo Amigo?.
 El viento del sur me azotó el rostro, tomó al verano de la mano dirigiéndole a otros rumbos hacia remotas regiones. El manto de la noche cubrió los últimos reflejos del crepúsculo. La magia había terminado y con ella otra Época Mágica.


FIN DE ?EL FABRICANTE DE COMETAS?
                                                        Samaniego-Duarte, Mayo 1995




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